Consentirse a sí mismo: ¿se vale?

Por: Laura Sofía Zepeda


Sentados frente al mar, brisa en la cara, coco en mano, sin trabajo ni responsabilidades.


Esto es una variación de lo que la mayoría se imagina cuando hablamos de consentirse a uno mismo. Sin embargo, la mayoría de nosotros no podemos hacer esto a diario y es bastante difícil llegar a ese punto de relajación, ¿no? No importa el contexto, el día del año o la situación, siempre tenemos cosas pendientes en la cabeza que tenemos que completar a la de ya.


No nos damos ese momento de silencio y paz que nos es necesario para continuar.

Creo que este tema de wellness se ha vuelto bastante controversial y completamente comercial. Por ejemplo:



Toma agua de aloe vera, 8 clases de yoga a la semana, conecta con tu tercer ojo, despierta tu yo del pasado y del futuro, pon un cuarzo blanco debajo de tu almohada (rosa no, ese es solo de lunes a miércoles) y un sinfín de cosas que hacer para que la paz llegue a nosotros y estemos en armonía con el mundo.


Hay mil y un creencias sobre la relación que debemos tener con nosotros mismos y puedes creer en la que tu quieras, aunque ello incluye el largo listado de arriba, pero una cosa que todas estas creencias tienen en común es que debemos de dar un paso atrás de vez en cuando.


Se siente increíble tener mucho que hacer y siempre que nos encontramos a alguien en la calle la excusa de por qué no hemos hablado en tres meses es: «Ay, es que ando en chinga, no tienes una idea de lo ocupado/a que estoy. No tengo tiempo ni para ir al gym.», y esta es la frase que se ha convertido en algo más que solo una excusa para no hablar con ese alguien, sino en un lema de vida que arrastramos día a día y le damos un lugar especial para que no nos suelte y tengamos un valor determinado a ojos de los demás. El problema es que, desafortunadamente, muchos no nos damos cuenta que el valor que tenemos como seres humanos nos lo damos nosotros mismos, nadie más.


Se puede llegar a ver muy padre por fuera cómo corremos de un lugar a otro tachando tareas de la lista del día, pero a la hora de llegar a casa al anochecer (o mucho después de que se meta el sol), estás exhausto y en vez de leer aquel libro que lleva en tu buró cuatro meses, te sientas a ver Netflix y a comer papas «porque te lo mereces después de un día tan cansado y productivo.» No piensas que a la larga esta rutina de ansiedad y hábitos agresivos te llevará a un punto de cansancio crónico en el que ni tu cuerpo te puede defender porque no lo nutriste como debiste. Toma tiempo llegar a este punto por supuesto, pero imagina nada más cuánto daño le has hecho a tu cuerpo y mente para llegar a ese punto de quiebre.


Está mal visto que digas que hoy no saliste a tomar a un bar porque quisiste dormirte temprano, que decidas ir al gimnasio en lugar de ver el último capítulo de Club de Cuervos, o que comas un bowl de verduras en ese restaurante carísimo de hamburguesas gourmet. Todo acto con valor conlleva una mirada penetrante por parte de los demás y más vale acostumbrarse a esa mirada porque cuando vas por buen camino nadie podrá dejar de voltear, preguntándose cual es tu secreto.

#DateChance de comerte un "Gansito" cuando se te antoje, pero también #DateChance de nutrir tu cuerpo. #DateChance de trabajar en lo que te encanta, pero también #DateChance de parar cuando lo necesites.


#DateChance de escribir tus propias reglas.


Edición by SayItRight. IG @sayitrightmx_

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