Crecer con ansiedad

Por: Melissa González


¿En qué instante dejamos de cuestionar las voces ajenas y las creímos propias? Así, entre lo que consideramos real e irreal, nace el concepto de culpa, y con ella el miedo que detendrá y regirá la generalidad de nuestras vidas.



Imaginémonos por un momento a una niña de seis años jugando en el portal de su casa, sentada en el frío piso, con el fresco de la tarde haciéndole compañía, se ríe porque es feliz, o eso aparenta, mueve a sus muñecas y muñecos, a todos sus juguetes en una danza histórica que representa a través de estos; parece solo sentir la diversión que a su corta edad le produce el juego, pero es entonces, en medio de todo ello, que la niña se detiene por un instante, no reconoce de manera consciente la razón, pero su pecho comienza a oprimirse, le cuesta respirar y siente por primera vez, la ansiedad. Piensa en las personas que más ama en su vida y con ellas la premonición casi certera y por ley de que algo malo les ocurrirá, es la hipersensibilidad al ambiente entonces el que se hace presente, y con ello el no poder sostenerse en su propio cuerpo, sin embargo, el peso más grande para esa niña es el saber, aun siendo la primera vez que le ha ocurrido, que no puede contarle a sus padres, así que calla y se convierte en un secreto que no se irá y se volverá la sombra que le acompañe por muchos años más.


Pensemos ahora que esa niña se ha convertido en una mujer adulta, muchas cosas han transcurrido en su vida, ha encontrado y ha perdido, ha reído y ha llorado, las decepciones han aumentado, el conocimiento también, y la vida en general le ha regalado pero también arrebatado, y la única constante ha sido la ansiedad, que ya no reside sola junto a ella, pues han crecido juntas, así como la joven que antes era una niña y ahora no solo provoca que le duela su pecho; ahora le hace gritar en silencio, la aísla, la ahoga y no la deja caminar cada vez que viene a visitarle. No es una compañera más a estas horas, se ha convertido en la protagonista, y cada imagen profética que esa niña hubiera tenido, de haber ocurrido en alguna semejanza, solo confirmará la angustia del saber que siempre tuvo razón, y que siempre será su culpa todo lo malo que ocurra a su alrededor, porque no lo pensó, porque lo sabía y aun así no lo evitó, lo que otros llamarían un pensamiento mágico, de creerse con el poder de cambiar el transcurso de la realidad, pero ¿cómo le decimos que no es real cuando desde que tenía seis años es capaz de ver a un ser aparentemente imaginario?... la ansiedad.




La mujer que hoy se intenta ver al espejo solo encuentra el resultado de los veinte años de caminar de la mano de ese pesar, aún lo considera algo malo y loco, dirían otros, pero ahora, en ese instante en que toca su rostro y dice no poder más, porque los días son de temor y las noches momentos de terror, porque caminar en las calles le asfixia, e incluso estar en medio de los que más quiere, siendo lo que consideraríamos felicidad, no puede dejar de pensar que por cada sonrisa un precio debe pagar, que por cada instante ausente

de un pensamiento ansioso, miles habrá de llorar. Hoy esa mujer que un día fue niña lo platica por primera vez, le dice al mundo cuanto ha dolido vivir así, abraza a sus padres y les pide perdón, sin aún comprender que nunca fue su culpa y que no hay nada que perdonar. Ahora puede intentar respirar, alguien sostiene su mano y le ayuda a encontrar la manera de decirle adiós a la ansiedad, pero, ¿cómo te despides de la única que nunca te dejó?


Hoy esa mujer que una vez fue una niña, finalmente puede reír sin sentir culpa o miedo del mañana, ha comprendido que lo que ocurrió mientras jugaba en el portal de su casa cuando tenía seis años y que provocó la llegada del malestar nunca fue su responsabilidad, hoy es libre, porque alguien la escuchó y le dio la mano, pero sobre todo, porque se vio a sí misma, oyó lo que contaba y se amó.

Sé ahora que el no poder dejar de vivir con ansiedad por pensar que no sabía cómo, era completamente falso, porque todos tenemos guardados en un cajón el recuerdo de lo que es vivir sin su compañía, el saber lo que es la libertad


Edición por: SayItRight, síguelos en instagram: @sayitrightmx

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