• Date Chance

Date Chance de hablar y validar tus sentimientos

Por: Bricia Martínez

@briciaam



El año pasado me enteré por azares del destino, de la primera carrera para la prevención del suicidio que organizó Date Chance. Se me hizo una excelente y noble labor el crear consciencia sobre esta situación que ocurre mucho más de lo que la gente se imagina, ya que hasta donde yo me quedé, Quintana Roo es el estado númer uno en suicidios masculinos de la República Mexicana. Desafortunadamente, no reuní el valor necesario para correrla, pero este año si lo voy a hacer.


Hay tantos enfoques desde los cuáles puedo escribir sobre el suicidio y creo que todos son igual de importantes, pero no tengo mucho espacio así que escogeré uno: perdonar y olvidar; bueno ese es el título del libro que me ayudó a perdonar a mi papá entre otras cosas, también asistir a terapia psicológica y el amor de mi mamá, pero fue un camino muy largo.


Tengo 25 años, mi papá se suicidó cuando yo tenía seis y durante mucho pero mucho tiempo viví llena de coraje hacia él, hacia la vida y hacia Dios. No entendía y sigo sin entender ¿por qué lo había hecho?, ¿por qué me había dejado?, ¿por qué Dios había permitido que mi papá me dejara?


A los 6 años uno no entiende mucho sobre la vida y la muerte y menos sobre salud mental pero claro que siente el abandono. Pasé muchos años guardándole rencor y odiándolo. La pasé muy mal, crecí muy rápido, dejé de disfrutar mi vida, me amargué a muy temprana edad, solo podía ver que me dejó, que no pensó en mí, que no le importó lo que me pasara, estaba inmersa en mi papel de víctima, me estaba boicoteando, me estaba privando de muchas cosas lindas, me estaba lastimando con todo el coraje que estaba cargando, jamás hablaba de él, ni de nada relacionado a él.


Hace dos año lo ví, sí, sé cómo suena, pero de verdad lo vi y no me dio miedo, sino lástima. Me puse a pensar que a pesar de que habían pasado 17 años, él nunca llegó a la luz, nunca descansó en paz. Porque, de acuerdo con mis creencias, Dios es el que da y quita la vida, y supongo que no le hace gracia que alguien decida quitársela solo. Entonces, en mi mente, mi papá se la había pasado «penando» y eso me causó mucha angustia. Me di cuenta de que no tenía sentido la guerra que tenía contra él, no me iba a llevar a ningún lado, tenía todas las de perder, ni siquiera podía reclamarle, solo estaba echándole limón a mis heridas y por consiguiente, evitando que sanaran. Así que decidí empezar el proceso real de perdonarlo, de dejar ir todo el coraje que le tenía, de abrir mi corazón y ver más allá de mi dolor. Hace dos años decidí abrazarme y prestarles atención a mis heridas, mismas que mucho tiempo negué tener y darme chance de avanzar, no solo sobrevivir, de ver lo sucedido desde otro ángulo, de hablar del tema, de sacarlo, de aceptar y validar mis sentimientos. También de salirme del papel de víctima, de tomar las riendas y la responsabilidad de mi vida para poder sanarme.


No ha sido una línea recta, hay días buenos y días malos. Sigo sintiendo un profundo dolor, que no se va a quitar con nada esto no ‘‘se olvida’’, como presume el título del libro antes mencionado, uno solamente aprende a vivir con ello. Pero ahora estoy paz con conmigo y con él, y siento una gran compasión por él, me duele su dolor mucho más que su ‘‘abandono’’. Me costó muchos años entender que él no estaba bien, no fue su intención dejarme simplemente fui un daño colateral, no pensó en lo que estaba haciendo.


También me costó muchos años perdonar a Dios, entender que no fue su culpa, él tampoco podía hacer nada, mi papá estaba mal, estaba enfermo. Nadie en su sano juicio se quita la vida y deja a su familia, mi papá fue la víctima y el verdugo, ¿por qué? porque no sabía qué otra cosa hacer, no podía pensar, no contaba con las herramientas para enfrentar a sus demonios, tal vez no contaba con el vocabulario para expresar lo que sentía, como dicen Ashley Frangie y Lety Sahagún en «Se regalan dudas», no supo buscar ni aceptar la ayuda que se le ofreció y tanto necesitaba, tal vez ni siquiera sentía necesitarla, estaba perdido. Y desde esa perspectiva cambia la cosa, lo veo con amor, como alguien enfermo a quién le ganó su enfermedad, no puedes enojarte con alguien que murió de cáncer, ¿por qué si con alguien que se suicidó?


Entonces, creo que es importante darnos chance de aceptar y validar nuestros sentimientos, sí pasaron, sí dolieron, pero no podemos quedarnos estancados ahí. También hay que darnos chance de sentir y después dejar ir el coraje para así poder perdonar ya que el perdón libera. Date chance de sentir, de conectar con tus emociones , no le hace bien a nadie y menos a ti que guardes rencor o ignores lo que sientes. Date de chance de liberarte. Date chance de ver las cosas desde otro ángulo, da un paso atrás y así verás mejor el panorama.


#DateChance de cuidar tu salud mental y date chance de pedir ayuda.

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