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Date chance de perdonar

Por Julio Escalante

@julioescalante


Hace casi cuatro años viví una de las experiencias que más me ha enseñado en la vida. Estaba en Valle de Bravo, era una noche como cualquier otra y decidí salir a un antro. Estaba bailando y platicando con una chava y de pronto alguien, otra chava, choca conmigo; yo me volteo al instante para disculparme y para corroborar que esté bien, y en ese momento, segundos después, recibo un botellazo en la cabeza por la espalda. Me caigo al piso y se apagan las luces de mi vida, se prenden las luces del antro y llega la ambulancia por mí.


Después de unos cuantos pasos llego al Hospital ABC de observatorio en donde me recibe un médico. Se hacen los estudios correspondientes y me identifican un traumatismo craneoencefálico severo hemisférico izquierdo y daño axonal difuso. El médico le dice a mis padres que lo más probable era que yo aprendí en la vida. Después de un tiempo salgo del coma y en ese nuevo estado los pronósticos cambiaron; ahora el médico creía que iba a recuperar en el mejor de los casos hasta un 40% de mis capacidades intelectuales y físicas, no más.


Con la unión de mi familia y de mis amigos afortunadamente logramos romper con todo pronóstico y logré regresar a casa.


Era mi primer día en casa, en la mañana tenía ganas de ir al baño e intento levantarme de la cama para ir al mismo. No me podía levantar sin saber porqué. Volteo y noto que mi mamá estaba acostada junto a mí y le digo que quiero ir al baño pero que no me puedo levantar, ella me dice que va enseguida por mi silla de ruedas y por las enfermeras para llevarme al baño. ¿Cuál silla de ruedas? ¿Cuáles enfermeras? ¿De qué estás hablando, mamá?

En ese momento mi mamá me dijo que apenas ayer habíamos regresado del hospital, que yo no me acordaba de haber estado en un hospital. Ese día me enteré que estuve tres meses en el hospital al borde de perder la vida.


Ahí me entero también que un desconocido fue quien me reventó el botellazo en la cabeza. Le tenía un odio inimaginable. Yo estaba en mi casa en silla de ruedas sin poder levantarme, cuando llegaba a salir de casa era sólo para ir a terapias que me chocaban. Estaba viviendo en el papel de víctima al máximo potencial. En ese papel no existía la sonrisa y la esperanza, la motivación ni la energía.

Mi vida se concentraba en odiar a mi agresor, que después de un tiempo me enteré que se llama Miguel, en sentir rencor hacia esa persona que casi me quita la vida sin merecerlo. Que a gusto estaba en el papel de víctima en donde yo no me merecía mi realidad y en donde no estaba viviendo mi vida, yo estaba viviendo solamente el odio y el rencor hacia Miguel. No me había dado cuenta de todo el amor que me rodeaba, de todo lo que mi familia había hecho y hacía por mí, de que la lucha no es sólo para mí, que mi familia ya luchó y ahora me tocaba a mí. Mi vida estaba concentrada en la venganza, tenía muchas ganas de vengarme, me imaginaba haciéndole el mismo daño que él me hizo a mi. Incluso me imaginaba matándolo, mi alma se estaba pudriendo.

Me veían tan mal que mi familia, mis amigos y todos los que me visitaban me decían que perdonara a Miguel. Cada vez que me decían eso mi ego hacia que incluso lo odiara más. Claro, como ellos no sienten lo que yo siento, ni pasaron por lo que yo pasé, pueden decir que lo perdone, mientras que para mí era imposible perdonarlo. Estaba rechazando tanta insistencia hasta que una noche cambió mi vida.


Una noche me encontraba reflexionando, lleno de coraje, llorando, gritando, pegándole a la almohada... de repente, sin esperarlo, mi mamá entra a mi habitación. Ella me hizo una pregunta: «Oye, Julio ¿Estás enamorado del chavo que te pegó?»

Me llegaron miles de sentimientos. ¿¡Cómo se le puede ocurrir a mi mamá preguntarme que si estoy enamorado de Miguel!? Entonces le contesté: «Mamá, ¿de qué estás hablando? ¿Cómo puedes decir eso, ma? ¿Qué te pasa?»

Me sentí muy ofendido y confundido…¿Cómo voy a estar enamorado de ese hombre?


Mi mamá me respondió: «Perdón, Julio. Yo creí eso porque todo el tiempo piensas en él, siempre quieres saber en dónde está, qué hace, dónde vive, si salió de fiesta o no, y, pues hijo… eso es lo que hace la gente enamorada ¿no? Pero, perdón, me confundí.» Y salió de mi habitación.


Cuando se fue yo estaba impresionado y lleno de coraje, ¿cómo se le pudo haber ocurrido eso a mi mamá? Estuve muy confundido e incluso enojado con ella, para mi eso fue un golpe bajo.



¿Ustedes creen que yo estaba enamorado de ese hombre?


Unas horas después de haberlo reflexionado, me di cuenta de que le estaba otorgando mucho poder sobre mí a Miguel, un simple desconocido. Yo no mejoraba porque mis pensamientos se habían concentrado en él. Mi mamá tenía razón, parecía que estaba

enamorado de ese hombre.


Me di cuenta de que Miguel había ocupado mucho espacio y tiempo en mi mente. Me sentí impotente y pensé en la insistencia que me habían hecho todos acerca de perdonarlo. Esa noche después de calmar el enojo que le tenía a mi madre, me pregunté ¿Qué puedo perder si lo perdono? y mi ego me gritaba: «¡No, Julio! No lo perdones.» Decidí no escuchar a mi ego y la respuesta que encontré fue: Julio, no pierdes nada.


El perdón es una palabra sencilla pero no es fácil expresarla ni sentirla.


Lo saqué de mi cabeza mediante el PERDÓN. El perdón es el mejor regalo que me he dado en esta vida. Después de reflexionar la pregunta de mi madre, comencé a rezar y pedí por el bien del agresor. Así parecía aún más que estaba enamorado de él, jajaja.


Al día siguiente, mi vida era totalmente diferente, estaba muy concentrado en mí. Me di cuenta de que Miguel en mi cabeza sí afectaba mi recuperación; sin distracciones en mi cabeza veía posible volver a caminar, así que me encontraba motivado para trabajar mucho en mí.

No fue tan sencillo, de repente Miguel aparecía en mi cabeza… a veces a mitad de mi terapia lo imaginaba burlándose de mí por no poder caminar o lo imaginaba corriendo y bailando, entonces regresaba mi coraje. Llegué a hacer un ejercicio para fortalecer el perdón, cada vez que esa persona venía a mis pensamientos, hacía una pausa sin importar lo que estuviera haciendo, respiraba profundo y le mandaba a ese hombre la mejor vibra y lo sacaba de mi mente, fuera de mí, muy lejos.


No crean que es fácil. Se empieza por una decisión, pero requiere trabajo constante para realmente sanar la mente. El perdón fue evolucionando poco a poco, incluso después de perdonarlo y sacarlo de mi mente, había ocasiones en las que gritaba de coraje por mi situación. El coraje y resentimiento se tienen que trabajar y se necesita tiempo para limpiar tu mente y sanar el alma con el perdón.

Hoy en día ese hombre no llega en ningún momento a mis pensamientos y cuando lo traigo yo conscientemente, lo traigo para bendecirlo. Cuando lo traigo no es para odiarlo sino para agradecerle, ya que, este evento me cambió la vida, me di cuenta de lo afortunado que siempre he sido por tener los padres y la familia que tengo, ya que nunca antes los valoré ni los amé tanto como lo hago hoy. Gracias Miguel por ponerme esta enorme prueba.


El perdón causó en mí una magia que nunca me imaginé. Chance las personas a veces no se merezcan nuestro perdón, pero nosotros si nos merecemos perdonar y estar en paz.


#datechance de perdonar y de seguir adelante. Mereces más.


Edición por: SayItRight, síguelos en instagram: @sayitrightmx