Dichosa tu vida

Por: Denisse Cámara


Hace unos cuantos meses perdí a un ser querido. No fue la primera vez que alguien cercano a mí se despide de esta vida, pero esta vez no fue igual. En otras ocasiones me había tocado asimilar la muerte de un abuelo, una abuela, personas que también ocupaban un gran espacio en mi corazón, pero, creo que cuando le llega la hora a alguien mayor, de alguna manera sabes que la vida ya lo/la encaminaba a eso.



Conforme los años van pasando, hacemos más conciencia acerca del significado de la muerte. «¿Qué he hecho de mi vida hasta ahora?» «¿Qué tanto he disfrutado de la vida?» «¿Qué tanto bien hice» «¿Estoy conforme con lo que soy, con lo que viví?»

«Qué ingenuos somos», ahora me digo a mi misma, pensar que la vida acaba a cierta edad. Se nos ha olvidado que la vida es espontánea. Llegamos al mundo de repente, nadie planeó cuándo ibas a nacer, ni en qué mes, ni en qué horario, ni de qué manera. La vida lo decide por ti, así como también decide que ya ha llegado la hora de partir. Y Meli así se fue, joven y llena de vida. Creo que ahí está el primer error para este proceso, cuando nosotros pensamos que tenemos el control y no es así, porque soltar se vuelve difícil cuando uno no estaba listo para hacerlo, cuando uno tenía planeado más risas, más momentos y más aventuras con ese ser querido.


Siempre me he considerado una persona bastante racional, no me malentiendan, soy MUY emocional, pero mi lado racional siempre ha sido algo que no dejo a un lado. Por lo que asimilar la ausencia se volvía una tortura. Entender que ya no estaba porque ya había llegado su hora, porque ya cumplió su misión, porque al final así es la vida; espontánea, porque todos los que nacemos algún día vamos a morir, porque no es malo morir, es algo natural. Entender... entender... entender que si ya lo comprendía ¿entonces por qué no dejaba de doler? ¿por qué no podía dejar de llorar? Esa lucha de uno de sentirse tonto porque no puede superar algo que logra entender, es muy frustrante.


Fue entonces cuando mi novio me dijo algo muy sabio: «Denisse, es como si alguien te golpea, puedes entender que te acaban de dar un golpe, pero no va a dejar de doler.» Y entonces, pude entenderlo. Y lloré sin sentirme tonta.

Creo que hay muchos prejuicios y hábitos culturales de la muerte que vuelve todo más confuso. Por un lado te dicen «el cielo está de fiesta», es ahí cuando intentas comprender que ella está en un lugar mejor, que debes de dejar de ser egoísta en quererla de regreso si ella ahora es plena. Pero, por otro lado todos se visten de negro, todos se lamentan y hablan de la tragedia de su partida. Por un lado te dicen «no llores, a ella no le gustaría que tú estés llorando» y reprimes la tristeza. Y, yo pienso, si fuera viceversa, yo entendería que ella llorara. No me gustaría que la invada la tristeza, pero entendería que llore cuando me extrañe, yo lo sigo haciendo constantemente cuando la recuerdo.


Dejar ir a un ser querido siempre va a ser un proceso complicado, nunca pensé que lo fuera para mí.


Hoy entiendo la muerte más que nunca y menos que siempre.

El misterio de la vida nos lleva al misterio de la muerte, unos llegan y otros se van, como los momentos buenos y los momentos tristes. Solo queda amar y disfrutar que la vida es espontánea. Agradecer, agradecer siempre cada momento. ¿Y, cómo son los momentos? Pasan, solo dejando el recuerdo. Hay que darnos chance de entender que nada en la vida está garantizado, y dejarse abrazar por la tristeza de vez en cuando, no dominarse por ella, pero sí permitirse sentirla. Date chance de extrañar y de llorar. Extrañar no es malo, llorar no es malo, morir no es malo. Simplemente, es parte de vivir. Dichosos los que vivimos y compartimos la dicha de los que vivieron. Dichosa tu vida, Meli.


- Tu siempre amiga, Denisse.





Edición por: SayItRight, síguelos en instagram: @sayitrightmx
388 vistas

STAY UPDATED

  • Blanca Facebook Icono
  • Blanco Icono de Instagram
  • Blanco Icono de YouTube