Empacar tu vida en una pequeña mochila

Por: Laura Sofía Zepeda


Empacar siempre es un dilema. Dependiendo del lugar al que vayas, se tiene que elaborar una complicada lista de qué llevar, qué necesites probablemente, qué cabe en la maleta, qué puedes comprar cuando llegues a tu destino.


En fin, algo que he aprendido en los últimos tres meses es esto: no se puede empacar de manera adecuada porque no se puede planear de manera exacta. ¿A qué me refiero con esto? Que los planes no existen. No existen porque son fantasías nuestras a las que nos aferramos por miedo. Miedo a lo desconocido, miedo a fallar, miedo a hacer el ridículo, miedo a no tener la respuesta. El tratar de tenerlo todo controlado y querer buscar la perfección por este medio es inútil. No tenemos esa capacidad y no podemos fingir que tenemos ese poder. No podemos ser tan narcisistas.





El viajar como backpacker, ese famosísimo término que se ha popularizado bastante últimamente, te obliga a despojarte de absolutamente todo. Física, mental y emocionalmente. Viví de una mochila de 30x70 centímetros por tres meses. Vaya odisea. No creí que fuera a olvidar todo lo que dejé atrás, que fuera a reciclar todo lo que tenía en ese momento y que fuera a importarme tan poco el regresar a mis antiguas pertenencias. Antiguas porque ya no sentía que eran mías. Yo había cambiado tanto que aquella emoción que me enlazaba con esas cosas ya no existía. Fue conflictivo y liberador al mismo tiempo. Me causó un gran alivio el pensar que no solo eran estas pertenencias materiales lo que había depurado de mi sistema, sino que también había logrado dejar pensamientos limitantes, emociones inservibles y hasta ropa que ya no me gustaba y no dejaba ir por aferrarme a ella.





Al poder sentir ese gran peso dejar mis hombros, me paro más derecha y con la frente en alto. De alguna manera regresé con la mochila más ligera aunque llevaba regalos para mi familia y recuerdos extraños que coleccioné en el trayecto. Ahora quiero que todos sepan cómo se siente esto. No es justo vivir con tanto equipaje inservible; en especial cuando solo podemos llevar una maleta de mano y todo lo demás tenemos que documentarlo y mandarlo a quien sabe dónde sin siquiera tener la certeza de que regresará a nosotros al final. No es justo demandarle a nuestro cuerpo y mente un rendimiento acelerado por querer comernos al mundo en tres segundos, dejando de lado los verdaderos gozos de la vida. Tampoco es justo que en vez de pedir ayuda, lleguemos a arrastrar a otros dentro de nuestros problemas porque no queremos cargar con ese peso solos. No es justo.

Date chance de disfrutar y vivir la vida plenamente. Date chance de procesar cada momento y decidir qué quieres en tu estilo de vida y qué no te sirve. Date chance de practicar la «pura vida».


Edición por: SayItRight, síguelos en instagram: @sayitrightmx


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