Empatía en un mundo egoísta… ¿es posible?

Por: Majo Guerrero


Cada día me doy más cuenta que el mundo a mi alrededor me bombardea con comodidad e ideologías que me llevan a pensar solamente en mí y lo que yo quiero.


Un mundo con una cultura rápida, de “fast-food”, de servicio 24/7, para que todo lo que quiera lo tenga a mi alcance cuando lo quiero, y sin un segundo de demora. Un mundo donde el wifi se conecta más rápido que nos conectamos el uno con el otro, un mundo donde un like vale más que un abrazo. En un mundo así, dime, ¿cómo puede existir la empatía?

Pues yo descubrí, después de dos años, el secreto para vivir feliz, plena y en paz en un mundo tan egoísta y hoy se los quiero compartir.

Viví mi vida sintiéndome tan abrumada, tan revuelta y confundida porque no encontraba esa «conexión» real conmigo misma. No hallaba qué era lo que me faltaba o lo que estaba haciendo «mal». Me tomó dos años para aprender la lección más grande de mi vida que me cambió para siempre. Dos años en los cuales me fui un año de misionera en el programa Misión Maya y el otro de colaboradora del Regnum Christi. Estos dos años los viví de la manera más intensa y los viví enteramente por los demás.


Empecé mi año en Misión Maya llena de prejuicios y de inseguridades, queriendo controlar y saber todo; rápidamente me di cuenta que eso, en este universo paralelo, no iba. Mi año de misionera me sirvió como un balde de agua fría que me despertó ante las verdades del mundo. Un mundo que sufre. Un mundo lleno de personas que se enfrentan con situaciones complicadas que no tienen una solución que se resuelva con solo el click de un botón. Un mundo que mira a personas como tú y como yo esperando que levantes la mirada y veas más allá de ti mismo y el mundo que te engloba a ti, un mundo que necesita de ti y de lo que solo tú puedes aportar. Me fui dando cuenta mientras pasaban los meses de cómo las pequeñas renuncias que hacía me empezaban de ese egoísmo que me inundaba y me fue dejando vacía. Entonces yo, cada vez más vacía, llegaba con las personas que me encontraba y me llenaba de ellos, de sus historias, de sus alegrías, de sus heridas y ahí hallaba la verdadera conexión con los demás. Una conexión que tenía más poder que la conexión 4G de mi celular.



Llegaba vacía del «yo» y me iba llena del «nosotros». Así pasaban los meses, cada uno un poco mejor y más difícil que el pasado, porque justo cuando pensaba que no podía desprenderme más de mí misma llegaba una situación que pedía más de lo que me creía capaz, pero en ese dar y dar no dejaba de recibir y recibir.


Mi año de colaboradora empezó y demandaba ese mismo «dar» de mí misma de manera desinteresada. Me enfrentaba con muchas presiones apostólicas que me sirvieron para darme cuenta de lo mucho que soy capaz cuando lo que hago, lo hago con un sentido más profundo. Un sentido que va mas allá del «porque lo quiero hacer», porque en mi año muchas veces hacía cosas que no quería hacer, y eso hacía que valiera el triple porque decía que sí pudiendo decir que no. Un sí vale mucho más la pena cuando caemos en cuenta realmente que estamos en todo nuestro derecho de decir que no, pero aun así encontramos la fuerza en nosotros mismos para decir que sí.


El mundo en el que vivimos nos priva de un verdadero encuentro con nosotros mismos y con los demás, obligándonos a mirar para bajo hacia nosotros antes de levantar la mirada y encontrarnos cara a cara con los demás.

El egoísmo gobierna en nuestra sociedad pero la empatía reina. Date chance de descubrir que al vaciarte de ti te das la oportunidad de llenarte de los demás y de ese ser supremo que tanto nos hace falta. Créeme, date chance y te encontrarás más lleno de lo que jamás te imaginaste.


Edición por: SayItRight, síguelos en instagram: @sayitrightmx
70 vistas

STAY UPDATED

  • Blanca Facebook Icono
  • Blanco Icono de Instagram
  • Blanco Icono de YouTube