La innegable honestidad de un niño

Por: Laura Sofía Zepeda


«Tienes una narizota», me dijo mi primo de 5 años. «No quiero ir a tu casa porque no me caes bien», le dijo a una compañera de su salón. ¿Por qué los niños suelen ser tan honestos? ¿Por qué tienen personalidades tan fuertes y de repente hasta nos hacen enojar? Un niño pequeño jamás te va a mentir a la cara.





El ser humano aprende a hacer esto por medio de la imitación a lo que observa en su alrededor, pero definitivamente no está en nuestra naturaleza ser falsos. Qué curioso que cuando no tenemos una buena madurez emocional, nos molestamos cuando nos dicen la verdad. Qué hipócritas podemos llegar a ser para proteger nuestro ego a toda costa. Exigimos autenticidad cuando vamos por la vida haciendo excusas para no herir los sentimientos de los demás o, mucho peor, para no dañar nuestros propios sentimientos. Y es que esto solo sucede cuando no tenemos la valentía de vernos en un espejo y aceptar que nos tomamos todo muy en serio. Nos ofendemos fácilmente por querer tapar lo que realmente sucede y esto es que no nos queremos tal y como somos.


Dile tú a un niño de 4 años que no te cae bien y probablemente te conteste algo gracioso o te diga que tú tampoco le caes bien. No importa realmente la respuesta como tal, pero ten por seguro que no se va a acordar en 10 minutos. Las barreras que hemos levantado con el paso de los años son simplemente una reacción a nuestra propia falacia. Quien ha logrado no ofenderse por la opinión de otros es quien se conserva real y auténtico ante el mundo. No es mi culpa que haya heredado una nariz un poco prominente, pero sí es mi culpa que me ofenda por un hecho bastante obvio y que, además, le eche la culpa a mi primito por decírmelo en la cara. Vaya incoherencia.


Nos seguiremos topando con paredes sin salida mientras más cavemos este hoyo llamado «rencor», «victimización» e «hipocresía». Obviamente cuesta trabajo comprender y vivir dentro de una autenticidad genuina en la que enfoquemos nuestra energía en cómo nos sentimos con nosotros mismos en vez de obsesionarnos con qué dicen los demás sobre nosotros. Date chance de ser tú mismo. Date chance de preocuparte por lo que realmente importa. Date chance de no perder esa chispa de cuando eras niño.


Edición por: SayItRight, síguelos en instagram: @sayitrightmx
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