No me quiero

Por: Paola Caro


Me gustaría empezar diciendo lo contrario, pero siempre me han aconsejado que la verdad es mejor aunque duela. Yo no me quiero, hoy, ahorita, en este mismo instante. Pero, eso no significa que nunca vaya a hacerlo.




Crecí con muchas inseguridades, miedos y complejos, como todos, creo que ya nadie se salva de no marcar al menos una de estas en su lista de «cosas que he sobrevivido». Tengo miedo, tengo miedo de quien soy, de mi pasado, de mi voz interna, de mis demonios, de mis problemas. Este miedo me acompaña a todos lados, me lleva a la escuela, me abraza en el cine, sale de fiesta conmigo, me acompaña en el probador de las tiendas y hasta recorre los pasillos del super junto a mí.


¿Cómo le digo que ya no quiero ser su roomie? ¿Cómo le digo que lleva suficiente tiempo aquí dentro como para cobrarle renta?

Sufrí muchos años de una depresión clínica, quisiera decir que su llegada no fue mi responsabilidad, pero sí fue causada por ingerir una medicina incorrecta todos los días. Mal recetada, tomé la misma pastilla por 7 meses sin darme cuenta, que en vez de salvarme me estaba matando. Caí en un hoyo profundo al que yo no me había aventado. ¿Cómo sales de un lugar al que no sabes cómo llegaste?


Fui albergue de muchísimos problemas ocasionados por mi huésped sin invitación, y la única manera para tolerar el dolor, era infligir yo misma. Preferí saber de dónde viene la bala, a desconocer a mi asesino. Me di permiso de hacer el dolor tan mío, y al mismo tiempo, me volví adicta a él. No podía pasar un día sin que me hiciera una herida, así como el vicio de fumarme un cigarro. Me disfrace de tigre muchos años, pero al contrario de este, nunca me sentí orgullosa de mis rayas.


He andado por caminos tanto diferentes, como difíciles, pero nunca he perdido de vista el destino: yo.


Siento que me perdí dentro de mí, después de tantos años de batalla, dicen que el paisaje cambia, el campo no es el mismo. He crecido, amado, cambiado, me he caído y levantado más veces de las que puedo contar, pero nunca he parado. Sigo caminando aunque no sepa por dónde voy. Sé que hoy no me amo, pero eso no significa que no estoy intentando. Me amo de muchas maneras diferentes todos los días, cuando digo verdades incómodas pero necesarias, cuando me permito verme al espejo y entender que hay una niña adentro de mí que quiere que me mire con amor, con respeto; como miras la casa en la que creciste, como volteas a ver tu historia y dices


«Wow, ¿tanto he crecido?».

Perdí tantos años de mi adolescencia gracias a mi depresión, a mi ansiedad, mis tendencias autodestructivas, años que nunca voy a recuperar y no es poético, es devastante, pero es una verdad incómoda, una más de las que tengo que decir y aceptar para amarme, o intentar hacerlo, un día más.


#DateChance de contar tu verdad incómoda, es la única manera de luchar para cambiarla.


Edición por: SayItRight, síguelos en instagram: @sayitrightmx

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