¿Por qué a mí?

Por: Fernando Bonilla


Nací en una familia creyente, crecí entre versículos, predicas y promesas de Dios en los que lo mucho de lo que recuerdo es que todo el mundo decía que si crees en Dios, todo estará bien; que Él tiene el control y mientras tú permanezcas en obediencia, tu vida estará llena de abundancia y bienestar.




Estas enseñanzas desarrollaron en mí una forma de ver la vida en la que creía que nada malo me sucedería por que Dios estaba conmigo. Y así caminé en mi vida, con ese optimismo, y hasta cierto punto negando la realidad y viviendo en mi fe; confiando que todo estaba o estaría bien porque a mí nada malo podía sucederme.


Al pasar los años, aparecieron problemas duros en mi vida que lo peor no era tanto su dureza sino que se quedaron conmigo por muchos años. A esa etapa de mi vida le llamo mi temporada de huracanes; uno tras otro llegaba a mi vida, y yo ya no sabía qué hacer, realmente estaba desesperado y el desgaste mental y espiritual fue colosal.

Me deprimí por un tiempo porque sentía que no tenía valor, de verdad no hallaba forma de detener las cosas, estaba realmente desesperado y como no encontraba salida comencé a quejarme contra Dios y contra la vida por cada uno de esos problemas que en su momento, y para mí, eran los peores del mundo. Varias veces reté a Dios a que me contestara, mi lógica era


«si yo he creído en ti siempre y he buscado hacer las cosas bien, ¿por qué me pasa esto a mí y a quienes me hicieron daño no?»

Ese Fer de fe se quebró, se perdió, su optimismo desapareció junto con su esperanza de la vida. Yo intentaba encontrar una respuesta lógica a mis preguntas porque era muy difícil encontrar el lado positivo de mi situación. Me repetía cada día «¿Por qué a mí?»

Y bueno, Dios no me contestó, o al menos no de la manera que yo esperaba...

Pero, un día -creo que todas las historias maravillosas comienzan con esa frase- se iluminó mi corazón y mi mente, y la respuesta apareció, -o creo siempre estuvo ahí pero entre tanta queja no la veía- y me dije,


«¿y si cambias esa pregunta que llevas años repitiendo y no ha solucionado nada por un ¿Para qué a mí?»

¡Y todo cambió! Me di cuenta que lo que estaba pasando a mi al rededor no dependía de mí, mi pensar, mi sentir y mi actuar era lo que yo podía y debía controlar.

La sencilla acción de sustituir el «por» por un «para» cambió mi posición de ser la víctima a ser la solución y comencé a darme cuenta que todo ese proceso al que yo llamé «la temporada de huracanes» o «el maleficio» era parte de un propósito más grande que mientras yo actuaba como la víctima me era imposible ver, pero el no poder verlo, no significaba que no existiera. Me di cuenta que llegó a mi vida para enseñarme, para probarme, para darme cuenta de lo que había en mi corazón y para hacerme mejor.

Me di cuenta que tengo y que todos tenemos la capacidad para vencer cualquier situación que la vida nos presente, sin importar que tan dura sea Dios ya nos dotó de las herramientas necesarias para vencer, que nada ni nadie tiene la capacidad para derrotarnos y que la fortaleza que hay dentro de nosotros puede más que los vientos que van a soplar en contra.


Aprendí a confiar en Dios, a no culparlo de todo y a tomar responsabilidad de lo que me toca a mí y dejar que Él haga su parte, aprendí a amar los procesos porque las heridas que me dejó se convirtieron en cicatrices que hoy pueden inspirar a otros a vencer. Aprendí también que el valor de mi vida no depende de lo que suceda en el exterior sino de lo que hay dentro de mí, que no debo menospreciar ni avergonzarme de mi historia porque es mi fuerza. Y que debía romperme para poder brillar.


En fin, creo que todos podemos inspirar a otros y que nuestra historia será lo suficiente para quien la necesite, que no debemos esperar a estar frente a miles de personas en un auditorio y que podemos comenzar con una persona a la vez.


Así que cuando vengan las pruebas ya sabemos qué preguntar.

Los amo.


Edición por: SayItRight, síguelos en instagram: @sayitrightmx
85 vistas

STAY UPDATED

  • Blanca Facebook Icono
  • Blanco Icono de Instagram
  • Blanco Icono de YouTube