Sacúdete tú, o el universo lo hará por ti

Por: Ana Lucía Quintanilla


Hace tan solo unos meses atrás, mi vida era muy distinta a como es ahora.

Soy la misma físicamente, vivo en la misma calle, y sí, mis gustos por la música, los animales y la comida siguen siendo gran parte de mi persona; sin embargo, lo que se ha transformado es mi percepción sobre el sentido de la vida. Vivía dentro de una «esfera» de confort, todo se movía alrededor de mi comodidad; trabajo con sueldo fijo - sin importar qué a la quincena sabía que contaba con cierta cantidad de dinero en mi cuenta, podía moverme a donde yo quisiera y cuando quisiera con el coche que me había regalado mi papá, todo era de acuerdo a mis comodidades – lo veo y lo quiero, lo gano y lo gasto, hago mis cosas a mis tiempos según me convenga. Era nula la motivación que me invitaba a actuar y estaba cayendo en la monotonía, mi mundo de la comodidad era un arma de doble filo que estaba comenzando a hacerme sentir una persona atrapada y sin crecimiento.


Un día, como cualquier otro día de la rutina, manejaba a Playa del Carmen por asuntos laborales - mismos que fueron cancelados de último minuto. Nunca imaginé que ese viaje en vano le fuera a dar una sacudida tan grande a mi vida, me iba a cambiar para siempre.

Iba manejando de regreso en la carretera, atenta al volante, cuando de un segundo para otro, a unos 20 metros frente a mí, un camión de carga se cruza en mi carril bloqueándome por completo el camino… Frenar no era una posibilidad por la velocidad y la distancia, así que tenía dos opciones: estamparme contra el camión, o dar un «volantazo» para esquivarlo y estamparme contra el camellón. Ambas opciones a una velocidad de 100 km/h; opté por la segunda.


Durante segundos, que los sentí como si fueran una eternidad, mientras me sujetaba con todas mis fuerzas del volante, presencié como se rompía mi burbuja y estaba en el momento más frágil de mi vida, totalmente fuera de mi zona de confort. El impacto contra el pavimento hizo que el coche girara en el aire; era como estar en primera fila viendo escenas en cámara rápida del pavimento, los postes, el cielo, las palmeras y las nubes; yo sólo podía pensar si de verdad ese iba a ser mi último momento, si así iba a terminar la vida para mí.


Al impactar contra la carretera, ocurrieron una infinidad de milagros a mi alrededor. El primero fue estar viva. Podía moverme, estaba consciente, estaba pensando, solo tenía un par de golpes. No herí a terceras personas, ni habían más coches o personas cerca de mí que fueran afectados.

Salí arrastrándome como pude de lo que era mi coche, sin poder creer que la vida seguía siendo mía y que ese era mi regalo más grande. En ese momento supe que había algo más allá y que ese «milagro» era el universo pidiéndome a gritos que lo escuchara, que abrazara la vida y tomara las riendas de una buena vez.


Es curioso como casi todos tenemos la creencia de que estamos exentos de este tipo de situaciones, como si tuviéramos las cosas aseguradas; las damos por hecho y ya no nos sorprendemos, no agradecemos. «Le pasó al primo de mi amigo, pero a mí no me va a pasar.» ¿Te suena familiar?

Es muy cómodo dejarse llevar por el ritmo de la vida, nos apegamos a lo conocido por miedo, costumbre, o por comodidad, y ¡no! Sentir miedo a hacer cosas nuevas o fuera de tu rutina es el primer paso para crecer y para recibir nuevas oportunidades y personas en tu vida.


No, no hace falta que surja un accidente, una enfermedad o una desgracia para empezar a valorar, pero, si pudiera ahorrarte las «cachetadas cósmicas» que da el universo cuando uno anda en «modo neutral» por la vida, lo haría con mucho gusto para que no te pase como a mí.




En búsqueda de superarme y sentirme mejor, fui haciéndome de hábitos, que, por más pequeños que sean, te aseguro traerán cambios y plenitud a tu vida como lo han hecho en la mía; te los comparto.


Si no te sientes motivado, no sirve de nada que te obligues o presiones para hacer las cosas; crea tu propia motivación. Si te inspira la naturaleza, date un tiempo para ir al parque o a la playa; si te da energía el ejercicio, separa unas horas a la semana para sudar.Valora el tiempo contigo mismo; quiérete y apóyate. Darte amor propio es darte confianza y motivación que son el motor para hacer y crear lo que te propongas. No pongas excusas, no busques culpables allá afuera por lo que te pasa; hazte responsable de tus acciones y de tus emociones. Si no te gusta tu situación, tu trabajo o tus relaciones entonces haz cambios o muévete. El tiempo es ORO.Busca actividades que te hagan sentir productivo y te nutran; métete a alguna clase o curso, aprende y prueba cosas nuevas, medita, cuida y cultiva tus relaciones, prepara algo rico de comer. Cambia la rutina, proponte metas y deja las excusas ya.

Dedica segundos de tu día para agradecer por lo que tienes a tu alrededor – el techo que te cubre del sol y de la lluvia, el agua con la que te bañas y te lavas los dientes, tus ojos que están leyendo esto, poder escuchar y cantar tu canción favorita, abrazar a los que amas; a diario nos rodean un sinfín de bendiciones – una mente agradecida no tiene tiempo para quejarse. Rompe tus miedos y habla con alguien. La terapia te brinda muchas herramientas, te hace más consciente y mejora tu calidad de vida.

Algo grande está allá afuera esperándote, date chance de salir a buscarlo. Sacude tus miedos y date chance de vivir la vida que tú quieras. Date chance de conspirar con el universo a tu favor, el regalo más grande es este momento.


Edición por: SayItRight, síguelos en instagram: @sayitrightmx
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