Soy suficiente y todo tiene un sentido

Por: Adriana Álvarez Berrones

Consultor de vida


El origen de la culpa y el rencor son los deseos no cumplidos, también conocidos como expectativas, que se convierten en juicios hacia mí o hacia otros; provocando emociones negativas que me quitan la paz interna y se manifiestan en acciones de premio y castigo, aplicadas hacia otros y hacia mí mismo.


Lucen con cara de saboteos de mi disfrute, paz, alegría, abundancia y salud, que sobra decir, poco tienen que ver con el bienestar y mucho con el sufrimiento y el hastío.


La culpa hacia mí y el rencor hacia los demás crea una constante sensación de insatisfacción y crítica porque nada, ni nadie parece ser suficiente. Usualmente, dicha insatisfacción vive oculta detrás de palabras cómo «debería», «tengo», «hubiera», mismas que, ya sean dichas o pensadas, devastan el ánimo hasta del más osado. Todo, escondido o disfrazado, es un anhelo de perfección, que no me permite aceptar las situaciones como están, a las personas como son, ni mi pasado cómo fue... mucho menos verme con la capacidad de crear y creer que, aunque no tuve lo que quería, ni soy todo lo que quiero, puedo y merezco.


Pero, ¿de dónde viene esta historia? ¿Cómo es que acepté la insuficiencia como una forma de existencia? ¿A quién le concedí la autoridad de definir lo que yo debía ser o tenía que ser?


Las respuestas posibles, anteceden a una larga historia que hemos pasado de generación en generación, fortalecida por:


-Nuestro propio diseño fisiológico, presa de los sentidos y estímulos.


-Un sistema educativo generalizado, práctico pero carente de sensibilidad y plagado de estereotipos.


-Una formación familiar donde las lealtades son por obediencia, el amor se mide por complacencia y nuestra identidad se le atribuye a la genética.


Es preciso movernos hacia un futuro mejor, dónde el autoconocimento sea la base de los sistemas educativos (familia y escolarizados), la autoescucha sea el sistema de autodescubrimiento y, entonces, creemos un sistema basado en el pensamiento creativo, divergente e inclusivo; dónde ser nosotros sea suficiente y alentador.


El llamado de tu alma está esperando ese encuentro, donde las etiquetas sobran y la diversidad abunda. Todo es suficiente y tiene un significado mayor que lo que tu mente lógica te dice y los demás opinan. Existe un espacio donde ser tú tiene sentido, donde tus carencias y talentos se unen para servir a otros; ese espacio es tu vocación, esa forma eres tú y ese tiempo es cuándo estés listo para vivirte y estés deseoso de compartirte.


Edición por: SayItRight, síguelos en instagram: @sayitrightmx


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